Reseña del libro "A media voz"
Barcelona 2012/2013 Una tribu es una agrupación antigua. Sin embargo, la mía no tiene muchos años ni se encuentra bajo la autoridad de un jefe. Tuvimos la suerte de habernos reconocido en el frágil hilo de la existencia o quizás fuera una confabulación entre nuestros monstruos privados. Nadja dice que hablo demasiado sobre monstruos, pero ella también cree que el único responsable de todo es el Big Bang y por eso la culpa no puede existir. Tom nos llama la factory española y, desde que le conozco, fotografía los reflejos de sus monstruos en los demás. Fue él quien me equipó de imágenes, quien me ha enseñado a parar el tiempo y a apretar los cordones de los zapatos. Matilde nos llamaba "gente con luz", pero ella se ha ido. Dejó tres cuadernos, escribió en uno de ellos que se sentía un lugar y agua oscura del Bósforo y era mi madre. Cuando la crisis inundó nuestra vida hasta transformarse en la madre de todos los monstruos, la tribu creció porque llegaron Lidia y Malva. Aprendimos como hacer pasta de dientes y fabricamos un plan en un día de tramontana y cansancio. Ilektra escuchó a su monstruo cuando él le suplicó, en griego ronco, que lo llevara hasta el centro de su furia. Mazin transformo el suyo en otra cosa, tal como ya lo había hecho con su vida y Nadja lo hace con la función de los objetos. Carolina lo dejo suelto en su terreno mental, fértil y resistente, lo enfrentó con agujas y lo trasmutó en pieles para otros. Todos nos sentimos agotados, buscamos alternativas y "crisis" es una palabra de origen griego que significa cambio. Quizás por eso yo nade y escriba; bajo el agua, y las palabras, todo tiene la fluidez con que me gustaría poder cruzar la vida. Por momentos, mi musa de dos ruedas, mi bicicleta, me deja comprender la existencia como si hubiera fumado la maría de Tom y dentro de mí se hubieran colado todos los sonidos ocultos de Gabriel. Como el eco de un susurro.