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Beowulf
Fernando Cid Lucas (Autor) · Catedra · Tapa Blanda
1 opiniónQuedan 29 unidades
$ 22.00Es con esta edición del poema «Beowulf» que Cátedra (dentro de su amplio catálogo) se abre, y nos muestra, un pequeño resquicio hacia el enigmático, complejo y exquisito mundo de la literatura insular anglosajona; tal como nos mencionan los maestros Bernardo Santano Moreno y Fernando Cid Lucas al comienzo de su introducción, se trata de “un texto de extraordinaria singularidad y calidad, lo que lo convierte no solo en parte del patrimonio cultural europeo, sino universal”. Y tal enaltecimiento no es para menos, pues «Beowulf» es, muy posiblemente, el cantar épico anglosajón más antiguo mejor conservado que nos ha legado el implacable correr de mudas centurias, un clásico de tiempos de la arcaica Escania. Este resplandeciente poema anónimo tiene, en su esencia, sus raíces sumergidas en remotas tradiciones existidas de cuando los anglos y sajones aún poblaban las tierras continentales del norte de Germania; y desde aquellos días de antaño hasta la actualidad, muchas han sido las vicisitudes y sucesos inopinados que transformaron este cantar en la peculiar joya literaria sincrética, pluricultural y multifacética que es y será. De todo ello nos dan breves pinceladas el traductor, Bernardo Santano Moreno, y su colega en su muy rica introducción —que es, por cierto, un verdadero trabajo de tesis, de las mejores introducciones que se han hecho para el poema, con amplia recomendación bibliográfica de muy variados aspectos y temas—, ellos nos hacen saber que esta obra no hubiera llegado a nosotros de no ser por la labor y pasión de copistas, anticuarios, paleógrafos, bibliófilos, eruditos, lingüistas, historiadores… !!!y que casi por un pelo nos la arrebata la llama voraz en el único manuscrito en que hoy se conserva, el «Cotton Vitellius A.XV», durante un incendio acaecido en 1731!!! Es que de verdad las historias, tanto del códice mismo como del poema en sí, son impresionantes, y por ello es de admirar la introducción preparada para esta edición, pues nos dan cuenta de esto con alto detalle y pormenor. Además, se le agradece profundamente al maestro Bernardo el que nos haya obsequiado a la vez unas breves traducciones de fragmentos procedentes de otras obras capitales anglosajonas, tales como la «Crónica anglosajona» o la «Maxims II» (éste último un poema gnómico anglosajón), esparcidas en notas a pie de página dentro de la ya mencionada introducción, así como su versión bilingüe del «Himno de Cædmon». El apartado sobre la aliteración del verso germánico —aspecto intraducible y, por lo mismo, insalvable— es de suma importancia para comprender esta cualidad que se infiltra y compenetra en toda la poesía anglosajona medieval. Es de resaltar también la ayuda indispensable que nos brindan sus índices etnonímico y antroponímico, al igual que su mapa y los árboles genealógicos. Hasta ahora he hablado de los aspectos positivos que podemos encontrar en esta edición, no obstante, en lo tocante al punto álgido de esta labor, es decir, sobre la traducción, he de mencionar que, si bien no es que se trate de una mala traducción —de hecho, la suya pretende ser lo más fiel posible al texto original y, en ese sentido, logra ser lo bastante exacta—, no en pocas ocasiones el sentido poético pierde fuerza en pro de creaciones más bien retóricas, ello debido en buena medida al afán de igualar la sinonimia durante el traslado de una lengua a otra (y es que el tardo-sajón occidental nos juega una gran ventaja en cuanto a sinónimos se refiere, lo cual es difícil de mantener en una agradable traducción). En pocas palabras, podemos percibir un claro desequilibrio entre la «forma» y el «fondo» al momento de leer esta versión española, tendiendo a centrarse más en el aspecto formal que en el contenido que quiso transmitir el poema desde su creación en tiempos de antaño; lo que sin duda entorpece nuestra plena contemplación acerca de la genialidad que este poema resguarda. Sin embargo, reconozco que para much@s lectoras/es quizá esto no suponga un hondo malestar. Aunque no está de más complementar la lectura de esta traducción en verso con la anterior versión rítmica de Luis Lerate de Castro, la cual, si se me permite decirlo, me parece insuperable. En este mismo tenor de endebles aspectos, también quisiera señalar que, dentro de la Introducción, al momento de disertar sobre el «Cristianismo en Beowulf», el abordaje que se hace sobre este complejo campo de estudio es bastante reduccionista, no considerando de manera holística los pasajes que nos ofrece el poema, y es por ello que las conclusiones a las que se llega no son especialmente robustas, a veces desvirtuando el sentido original que de dichos pasajes se puede llegar a sentir-intuir. Sin embargo, estas son ya cuestiones demasiado quisquillosas que el lector/lectora puede obviar si así lo quiere. Por último, para quienes busquen una lectura del poema con la que sientan que tienen el manuscrito original a la mano, no puedo recomendar más ésta edición del maestro Bernardo, pues su casi centenar y medio de notas a pie de página nos aclaran asuntos tocantes al manuscrito en aspectos etimológicos, filológicos, de interpretación, etc. Un gran aparato crítico, como a los que Cátedra nos tiene acostumbrados. (Por cierto, se agradece el detalle del marco que adorna la portada, de clara imitación frente el antiguo arte germánico, y de la miniatura que la cubierta ilustra, procedente de un manuscrito de la Biblioteca Británica datado del siglo XIII).
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