Reseña del libro "Ciudades como niñas"
Este libro ahonda en la naturaleza de la ciudad. En ella percibimos tiempos pasados, remotos y cercanos, y la fugaz vibración del presente. Las ciudades son niñas cuando su tiempo se compara con el humano, y lo seguirán siendo cuando nosotros seamos puro olvido.
Ciudades como niñas ofrece sorpresas para la memoria y sabor para el futuro. En él encontrarán replanteos poéticos y cartografías ávidas de símbolos que ayudan a leer la ciudad, su aura y su capacidad de sinestesia, su complejidad, y a entender la relación entre ciudades que se enredan como cerezas, porque la ciudad es un
fruto, no un producto. Con la intuición de algunos artistas se irá desenredando su misterio. El arte como método, como hilo de Ariadna, sabiduría de sibila, canto de sirena, mirada de Hygieia o cristal de Claude, para extremar la atención sobre la ciudad hasta descifrarla. Les conmoverá la inocencia de algunos héroes y escrutarán con un ojo el Paraíso, como hizo Set.
Beatriz Blanco ha excavado en el tiempo, ha tejido inéditas combinaciones para dar nuevo aliento al protagonista velado de este libro, cuya escritura es ya un adelanto de la sensualidad, pero también de la lucidez, que la autora reivindica para la ciudad; escritura que ha sido alimentada con la mejor miel, hecha por abejas de un epigrama griego, diría Lezama, con artistas y escritores, con historias jugosas y anécdotas aún
más sabrosas. Se trata de una sabia combinación de cuestiones diversas que resuenan unas en otras para terminar configurando una especie de teoría fragmentaria de la ciudad.
No hay en este libro tanto idealismo como inocencia, una buscada inocencia que es el mejor antídoto contra el cinismo y contra el frecuente desánimo fatalista. La ciudad será una convivencia fértil en apoyo mutuo, justicia y fe compartida en el futuro. El arte y sus metáforas ayudarán a entenderla. Con un horizonte más lejano que el nuestro, como niñas que tienen toda una vida por delante, las ciudades avanzarán sin reducir a números frágiles lo que ha de ser canto y latente alegría.