Reseña del libro "El Diamante de Moonfleet"
Elogiada en la brillante construcción de sus personajes por Conrad, de ella dijo R. L. Stevenson: «Moonfleet es la novela que siempre quise escribir, pero lo único que pude hacer fue La isla del tesoro». Un siglo después, Georges Remi (Hergé) reconocería el paralelismo de sus famosos personajes Tintín y Haddock con los protagonistas de Moonfleet: John Trenchard, muchacho sediento de aventuras, y su compañero Elzevir, el viejo lobo de mar, contrabandista y bebedor de ron. La furia del deseo de vivir del joven muchacho frente a la ternura de verse continuado en él por parte del viejo marino trazan fuertes líneas maestras en esta historia de acción en la que no falta ningún elemento para saciar el hambre de aventuras: un fantasma, una pista escrita en el medallón de un cadáver, un tesoro oculto, un contrabandista bebedor, un joven soñador, una belleza seductora, un asesinato, una huida, un traidor, una venganza, un naufragio, un regreso. Y el mar como paisaje engañoso, añorado, cruel, que acuna la narración con la inevitable melodía de la gran literatura clásica. Pero lo que convierte El Diamante de Moonfleet en una obra maestra universal es algo mucho más difícil de conseguir: su autor, Meade Falkner, queriendo contar la aventura de unos hombres, terminó construyendo una historia sobre el ser humano.Elogiada en la brillante construcción de sus personajes por Conrad, de ella dijo R. L. Stevenson: «Moonfleet es la novela que siempre quise escribir, pero lo único que pude hacer fue La isla del tesoro». Un siglo después, Georges Remi (Hergé) reconocería el paralelismo de sus famosos personajes Tintín y Haddock con los protagonistas de Moonfleet: John Trenchard, muchacho sediento de aventuras, y su compañero Elzevir, el viejo lobo de mar, contrabandista y bebedor de ron. La furia del deseo de vivir del joven muchacho frente a la ternura de verse continuado en él por parte del viejo marino trazan fuertes líneas maestras en esta historia de acción en la que no falta ningún elemento para saciar el hambre de aventuras: un fantasma, una pista escrita en el medallón de un cadáver, un tesoro oculto, un contrabandista bebedor, un joven soñador, una belleza seductora, un asesinato, una huida, un traidor, una venganza, un naufragio, un regreso. Y el mar como paisaje engañoso, añorado, cruel, que acuna la narración con la inevitable melodía de la gran literatura clásica. Pero lo que convierte El Diamante de Moonfleet en una obra maestra universal es algo mucho más difícil de conseguir: su autor, Meade Falkner, queriendo contar la aventura de unos hombres, terminó construyendo una historia sobre el ser humano.
(Wiltshire, 1858 - Durham, 1932). Estudió en el Hertford College de Oxford, donde se licenció en Historia. Después de graduarse ejerció de maestro en la escuela de Derby, antes de ir a Newcastle para trabajar como tutor de los hijos de Sir Andrew Noble, director del Armstrong Whitworth Co., una de las mayores empresas armamentísticas del mundo a finales de siglo, que se convertiría en estratégica durante la Primera Guerra Mundial. Aunque los principales intereses del joven Falkner eran la poesía, la arquitectura y la heráldica, su patrón le ofreció un cargo relevante en la empresa, por el que tuvo que recorrer medio mundo. Tras retirarse de los negocios en 1921, fue lector honorario de Paleografía de la Universidad de Durham y bibliotecario honorario de la catedral. Aparte de las tres novelas que escribió, también publicó varias guías topográficas y una historia de Oxfordshire.
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