Reseña del libro "El Viejo del Agua"
Con una gran experiencia como profesor de literatura en la Universidad Autónoma Chapingo y con una infatigable labor de promoción a la lectura y a la redacción que abarca más de treinta años, el poeta, cronista y narrador Rolando Rosas Galicia nos entrega un libro donde la vida gira en torno a las chinampas, término que proviene del náhuatl "chinamitl" y que se traduce como "en la cerca de cañas", es decir, un método de cultivo utilizado por los mexicas y considerado un legado prehispánico único en el mundo pues se pueden sacar hasta siete u ocho cosechas anuales. Principalmente se cultivan calabazas, apio, perejil, epazote, cilantro y acelgas. Con una experiencia de vida más cercana al silencio que a los escándalos citadinos, a los cultivos de espinacas, maíz o flores que a las grandes avenidas de la Ciudad de México, su fascinación lacustre, campirana, llena de amapolas y lobelias, deja a un lado cualquier espectacular anuncio de la más insigne productora. Finalmente, podría haber algo más importante que las acelgas, los romeritos o el toloache para un hombre cuya poesía se arraiga en la búsqueda del origen que, en este caso, surge en lo popular, honrando a sus antepasados como piedras angulares de la existencia? Un largo camino recorre nuestro autor para llegar aquí. Necesarias escrituras ya alimentadas por la influencia de mitos y leyendas, a través de los cuales surgen diversos personajes que reflejan la realidad profunda de la que no siempre se habla fueron Quebrantahuesos, Pájaro en mano, Víbora de dos cabezas, Un jardín para Florencia, y Nahuales, de este último título nuestro autor se alimenta de las creencias que cuentan sobre la transformación en animal. De hecho se dijo que su abuelo paterno, el señor don José Rosas era nahual. Desde los quince años de edad, se ha especializado en el arte de esculpir metáforas con una genial sencillez. Para él la poesía se encuentra en todas partes pues la ve integrada en la cotidianeidad. Su compromiso consiste en darle voz a los que no la tienen. Su gran inspiración fue su abuelo, Procopio, quien trabajó, descalzo y vestido con blusa de manta y calzón, en las orillas de los canales, cuando el agua era bebible. Inevitable mencionar que este gran ser humano, campesino zapatista, fue correo entre Zapata y Villa. Gracias a él, nuestro autor desmenuzó el valor de la naturaleza y el de la vida antes de la vida misma. De ahí, surge El viejo del agua, poemario escrito en cuatro partes: "Viejo del agua", "Agua respira", "Los cultivos de algunas plantas" y "La dalia negra", de esta última cabe decir que en 1963 fue decretada la flor nacional de México, pues era conocida por los aztecas como "acocoxóchitl", que en español significa "tallos huecos con agua". Hasta la fecha se utiliza también por sus dones curativos en la medicina tradicional. Este libro es un canto de singular belleza que denuncia la devastación de todo vestigio de la vida marina cuyo testigo implacable es su pueblo, habitado por los chinamperos de San Gregorio, con sus costumbres y sus formas peculiares para hablar el lenguaje del hermano río y del abuelo sol, mientras desfilan por los versos diversos personajes, distintas familias con sus luchas y esperanzas, entregando al lector un inmenso manantial del que brota el agua que sostiene la existencia. CARMEN NOZAL