Reseña del libro "la mutiladora"
Esta es la novela de la falta, de las cosas que se ausentan o fallan, de los pedazos de cuerpo que se independizan y toman vacaciones frente a la catástrofe. Se puede perder un ojo, una voz, una mujer que pasa a la carrera, el aire, los libros; a veces sucede voluntariamente, otras en contra de lo que se ha dado en llamar consciencia o prestigio o armonía. A poco de comenzar a leerla, se comprueba que lo que de verdad vale es contrariar la simulación: lo que no se tiene, no se tiene. Tarde o temprano se le encontrará un uso o utilidad a lo que no está, para luego hacer de ello una herramienta que se usa y se tira cual carretel; pues la reparación de lo que se perdió para siempre es una amarga utopía.
Así las cosas, es una novela en la que se logra percibir la muerte como una sutil meteorología: los múltiples oniros del exterminio… como inviernos que van y vienen, que nunca dejan de regresar, una y otra vez, cual amor loco. Una novela donde el narrador descubre que la alegría sólo surge de lo común, y que en las gamas del acto está la única felicidad del que se atreve a narrar; tal vez buscando espantar espectros, cuando algo, nunca se sabe bien qué, perturba. No es el embrollo o barullo lo que angustia, sino el intentar mantener la calma.
Con esta novela, Leandro Calle confirma que una de las calamidades de la literatura actual no pasa por ningún auto de fe represor, sino por la extinción de la lectura.
Leer La mutiladora es arrumarse en el precipicio de la imaginación.
Raúl Vidal