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Rayando el alba
Fabio Chacón Torres (Autor) · Klepsidra Editores · Tapa Blanda
4 opinionesQuedan más de 100 unidades
$ 25.27excelente el libro me gusto mucho, super recomendado
Me encantó! Es fácil de leer y comprender, con un lenguaje muy familiar y sencillo de entender. Son historias de la vida cotidiana. Mi calificación es 5.
Hermoso libro, con un lenguaje claro y sencillo me llevo a pensar en la brevedad de la vida y cómo se diluyen los recuerdos de tiempos pasados, siendo necesario leer un libro como este para despertarlos y remover la sensibilidad hacia la vulnerabilidad humana.
Rayando el alba es un libro de relatos con 13 cuentos y 3 novelas cortas, con historias que transcurren básicamente en tres regiones de Colombia, el sur de Nariño, el Eje cafetero y Bogotá, con excepción del primer cuento, de carácter surrealista sin lugar definido. También en una de las novelas, gran parte del relato se traslada de Pereira a la ciudad de Buenos Aires, Argentina. En estos relatos, las realidades literarias logran la atmósfera de expectativa y el enigma sostenido en los sucesos, con el acierto de un lenguaje cargado de ironía sutil y sarcasmo, entretejido con dosis de humor, ternura y ensoñación. La condición humana se expresa en facetas divagantes entre lo más luminoso y lo más oscuro: La adversidad causada por mundos degradados, aparece contrapuesta a la obstinada resistencia a perder la luz de la esperanza. Hay realidades posibles donde el poder avasallante de los mitos y la superstición, se exacerba cuando el caldo de cultivo del miedo está dispuesto en la mesa para los codiciosos. El trabajo asfixiante que altera las condiciones naturales de la biología humana, termina normalizándose frente a la ausencia de posibilidades, aun cuando la vida misma puede estar sometida al peligro de perderse. La corrupción incorporada a la cotidianidad, colada en los juicios de valor, se naturaliza e incide en el lenguaje, cambia el sentido de las palabras: el interés particular al ponerse tantas veces el vestido del interés común, termina apropiándose de él pareciendo hecho a sus medidas; el corrupto se siente con la confianza de invocar el honor y la dignidad en el aliento de protestar con energía frente a las consecuencias de sus actos que por algún error suyo resultaron adversas. La realidad dolorosa de los valores dislocados, mañosamente convencionalizados, generando ilusiones de progreso, logran al final no más que la socavación de la vida hasta quitarle sentido, sumiendo a las personas en soledades avocadas al desespero de encontrar el atisbo de un afecto verdadero, cuando a lo mejor ya es demasiado tarde. Hay soledades también, donde la ausencia del afecto sincero, lleva al conformismo de aceptar otros afectos a sabiendas, en el fondo, de que son simulados, o la soledad en su versión más asfixiante que hace añorar el aire para respirar, así resulte ser el último aliento. La indiferencia, como expresión de la discriminación por clase social, resulta más humillante, para quienes la padecen, que el vituperio. La frialdad de la arrogancia es más violenta que la agresión física. Otras veces la ironía no está en el lenguaje, sino en la vida misma, en el destino, y es tan cruda que aparece obligada la pregunta en apariencia absurda ¿Quién está detrás, quien se ríe a carcajadas de estas “bromas” tan crueles de la realidad? La crudeza demoledora de la realidad brutal, hace que se junte en una misma mujer indígena, la injusticia horrenda del delito que reina en el ámbito hostil de la ciudad y la injusticia más horrenda aún, que reina en los preceptos culturales, obligándola a justificar, como si fuera natural, el castigo cruel del marido ejercido sobre ella misma. La ambivalencia en los criterios y en la conducta: invocar los principios del buen proceder, la fe, la iluminación divina, al tiempo que se naturaliza el delito, la discriminación: la contradicción dialéctica evocando el claro-oscuro del barroco, el tenebrismo de Caravaggio, Rubens, Rembrandt.
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