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Renacer Poético
Misael Pérez Prieto;Georgie Medina Marcano (Autor) · Independently published · Tapa Blanda
Quedan más de 100 unidades
$ 34.44Renacer poético del Dr. Georgie Medina Marcano se erige como un artefacto lírico de doble respiración: por un lado, la voz que canta -con cadencias de copla, de plegaria y de confesión-; por otro, la conciencia que examina el propio canto y lo convierte en destino.
El título no funciona como simple lema editorial, sino como tesis poética: aquí el "renacer" no es un milagro instantáneo, sino una lenta artesanía del dolor, la memoria y el deseo, un volver a nacer "entre sombras" y "baúles" donde lo vivido se conserva como brasa. Esa voluntad de recomenzar atraviesa el libro entero como una energía obstinada que, aun cuando se desangra, insiste en nombrar: "hoy elevo este canto" ("MÍ POESÍA"), "nuestro amor volvió a renacer" ("NOS ENCONTRAMOS").
En ese horizonte, el cuerpo aparece como templo y como campo de batalla. El poemario abre un régimen de sacralización erótica que eleva la carne a liturgia: "En el altar de tu cuerpo... he colocado mi vela blanca" ("EL ALTAR DE TU CUERPO"). No se trata solamente de sensualidad, sino de un gesto de investidura: el cuerpo amado es "edén" y "galardón", y la palabra se vuelve cera que arde para iluminar otra manera de mirar el mundo ("me inspire a soñar, / para ver el mundo de otra manera").
Pero esa sacralidad no es estable; su grandeza convive con la grieta: el altar también puede ser patíbulo, y la misma pasión que enciende termina por condenar, como sucede en "CASTIGO ETERNO", donde la musa "invita a pecar" y, a la vez, encadena ("Líbrame de esta condena / porque quiero descansar").
El libro construye, además, una dramaturgia afectiva donde el amor oscila entre epifanía y sospecha. La declaración "¿Qué es el amor?... El amor eres tú" ("NO SABES NADA DEL AMOR") funda un concepto encarnado y vegetal: ramas, tronco, lluvia, miel; una botánica del vínculo que convierte la relación en ecosistema.
Sin embargo, esa naturaleza se contamina con el veneno del engaño, y ahí el discurso adopta el filo de la recriminación: "No me mientas más, mujer" ("NO ME MIENTAS"), "fuiste la serpiente venenosa" ("INOLVIDABLE"). El yo lírico se desdobla: es devoto y acusador, suplicante y fiscal, víctima y -a ratos- verdugo verbal; y en ese vaivén el poemario revela su nervio trágico: la ternura no cancela la herida, la herida no cancela la ternura.
Ese conflicto se intensifica porque la voz de Renacer poético insiste en registrar la cicatriz como documento ontológico. "Mi cicatriz es real" ("NO ME MIENTAS") no es un detalle melodramático, sino una clave de lectura: el libro trabaja la marca como prueba, como archivo del alma.
En textos como el "Poema 97" de atmósfera sombría ("olor a yodo... lugar pestilente y horroroso"), el sufrimiento adquiere forma de descenso, casi una catábasis íntima donde el amor se vuelve amenaza y el cuerpo, un territorio sin gobierno: "Mi cuerpo perdió el control". Así, la experiencia amorosa no se narra únicamente como romance, sino como fuerza que puede desordenar la fe, el juicio y el instinto, hasta rozar la pulsión de muerte ("tu engaño... me aniquiló y me mató").
No obstante, el poemario no se clausura en lo íntimo: abre una ética de lo colectivo. En "SOY ESE HOMBRE", la voz sale de la alcoba y entra a la calle con indignación cívica: "mundo lleno de serpientes y alacranes, / donde los pobres son víctimas / de los políticos que se roban todo". La poética aquí se vuelve testimonio y consigna; el poema funciona como marcha, como defensa de "los indigentes" y "los ancianos". Este giro no contradice el lirismo amoroso; lo complementa: el mismo yo que suplica por un beso reclama justicia, como si la carencia afectiva y la carencia social fueran rostros distintos de una misma intemperie.
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