Reseña del libro "Samuel Chávez"
La renovaci?n historiogr?fica suscitada en los ?ltimos cincuenta a?os, gracias a la incuestionable herencia del movimiento de los annales en el campo de la historia, ha representado cambios sustanciales en la consideraci?n de los tipos de fuentes para la investigaci?n hist?rica, particularmente en los ?mbitos arquitect?nico y urbano. Las historias del territorio, los lugares, el ambiente y el espacio habitables, tanto arquitect?nicos como urbanos y rurales, en relaci?n con el cuerpo, los sexos, las ideas, las teor?as, las trayectorias familiares, la tecnolog?a constructiva, las percepciones, los significados, entre otros ?y ya no ?nicamente los autores per se o las obras f?sicas y sus cualidades formales?, demandan cada vez m?s diversificar las fuentes de conocimiento de donde abrevan los historiadores para construir sus relatos.Desde luego, este movimiento de renovaci?n no implica desechar las fuentes tradicionales, sino ampliarlas, complementarlas con nuevos tipos, de tal suerte que proporcionen informaci?n suficiente para construir un objeto de estudio complejo. ?sta, la complejidad, siempre ha estado instalada en los sistemas de vida, antr?picos y no antr?picos, s?lo que hasta ahora, con la epistemolog?a contempor?nea ?el paradigma de la incertidumbre y los sistemas complejos?, nos ha sido posible entender de modo m?s completo la naturaleza de la materia y de todas las formas de vida propiciadas por ella. La complejidad siempre estuvo ah?, desde tiempos inmemoriales, pero el desarrollo, recursos e infraestructuras intelectuales y epistemol?gicas no hab?an hecho posible descubrirla y entenderla con profundidad, aun cuando algunas de las grandes civilizaciones del pasado, entre ellas la griega y la mesoamericana, hab?an intuido su l?gica. As? con la sociedad, la cultura y los espacios habitables de ?pocas pret?ritas, de las que es posible conocer, de una manera m?s honda, su armaz?n y funcionamiento, de por s? complejos, dado que ahora contamos con un herramental m?s id?neo para comprender, explicar e interpretar el devenir hist?rico, que siempre ha estado integrado por redes de relaciones y no como simple ocurrencia casu?stica de acontecimientos aislados y objetivos espec?ficos.En tal contexto, la confecci?n de una idea-programa general form? parte constitutiva de la labor de rastreo, acopio y estudio de diversas fuentes y variados documentos que, en su momento, en el seno del Cuerpo Acad?mico de Estudios Arquitect?nico Urbanos de la Universidad Aut?noma de Aguascalientes, sugerimos denominar ?Recuperaci?n y Elaboraci?n de Fuentes y Documentos para la Historia de la Arquitectura y el Urbanismo de Aguascalientes?, que contemplaba tanto la reedici?n facsimilar de fuentes de primera mano, como la publicaci?n de investigaciones derivadas de su an?lisis. En esta ?ltima opci?n se encuadra el presente trabajo, que ha contado con la feliz circunstancia de la localizaci?n de una parte significativa del archivo personal de un arquitecto relativamente poco conocido: Samuel Ch?vez.A finales de la centuria decimon?nica, la peque?a pero pujante ciudad de Aguascalientes pod?a presumir de cierto ?provincianismo cultural? no exento de aires cosmopolitas: el progreso ?como era entendido entonces? y los beneficios de la ?civilizaci?n? hab?an comenzado a asomarse con el paso del primer tren en 1884 y el inicio de la construcci?n de los Talleres Generales de Reparaci?n en 1897, los m?s grandes de Am?rica Latina en su tiempo; ya desde 1824 y hasta el segundo tercio del siglo, su impulso y encanto relativos hab?an llamado la atenci?n de algunos extranjeros, unos en calidad de visitantes, como el viajero italiano J. C. Beltrami, otros como residentes definitivos o temporales, como los franceses Corn? y Stiker o el alem?n Isidoro Epstein. Con el r?gimen porfiriano, la otrora villa tuvo que acompasarse con las pol?ticas generales del desarrollo de la sociedad y la econom?a del momento, as? como con algunos de sus horizontes simb?lico-ideol?gicos. No es gratuito que Aguascalientes, con t?tulo de ciudad desde 1824 y una poblaci?n de 34,982 habitantes en 1900 ?por tanto, entre las de mayor magnitud?, fuera considerada una de las capitales m?s importantes del pa?s. Al alcanzar ese estatus, sin duda, contribuy? con una propuesta urban?stica, que en muchos sentidos fue pionera en el pa?s: el Plano de las Colonias, proyecto del ingeniero-arquitecto Samuel Ch?vez Lavista (Aguascalientes, 1867-1929), tras cuya traza exist?a una visi?n de ciudad que, por una parte, estaba circunscrita al universo simb?lico porfirista, regido por aspectos de higienismo y ornato p?blicos, y, por la otra, preanunciaba lo que en d?cadas subsecuentes se transformar?a en un sanitarismo social urbano, pr?stinamente representado por el primo segundo de Samuel, el arquitecto Carlos Contreras Elizondo (1892-1970). Dicha visi?n reposaba sobre ciertas nociones acerca del cuerpo y su proyecci?n en el espacio urbano, que manten?a este personaje y que luego extendi? hacia los campos de las artes del espacio (la arquitectura), el movimiento o energ?a (la gimnasia r?tmica) y el tiempo (la m?sica). El siguiente texto acomete una fracci?n de la historia urbana y urban?stica del Aguascalientes de principios del siglo XX, as? como parte de la vida y trayectoria de este arquitecto, quien tuvo un rol destacado tanto en ese proceso como el fomento de la educaci?n art?stica en M?xico.