Reseña del libro "Vestigios del viento"
Hay cuestiones que se asemejan mucho a la realidad, en poesía, se busca la correspondencia de las voces que alternan una tras otra en un conjunto enmarañado de palabras, que quizá pueda ser o no —el fin estético está presente— parte del pacto entre escritor-lector, un trabajo constante y fluyente determinará que esta armonía se geste.
Vestigios del viento muestra una suma de esencias, reguladas por ciertos estados líricos que, si se descifran con detenimiento, logran calar en la profundidad de quien los lee.
Respecto a la formalidad, hablamos de cuatro partes que suman una serie de poemas en verso libre, de una lírica interesante; en la profundidad tenemos como primera parte al Artesano del tiempo, este yo lírico nos funde en un sinfín de sentimientos de añoranzas y recuerdos, llevando al lector a un contraste con el pasado en el que habitan los poetas de modo implícito, el viento empieza a cobrar vida, como si las palabras una a una fueran llenando de lluvia los cántaros del alma.
Intersticio se nutre del amor presente, ya no más añorante o extraviado, sino aquel que tiene la intensidad de las caricias, el yo lírico no llega a ser cursi, posee una pasión trasgresora de imaginación trascendente, hacia lugares astrales, es la escisión que deja el ser amado en el profundo logro de vivir sin temor a sentir su voz.
En la tercera parte dedicada A Juliaca, el yo lírico muta a una fidelidad a la tierra querida, como si el anterior ser amado mutara a un amor patriótico, a la esencia de las danzas, del canto, de los instrumentos, de la intrépida forma de ser de la danzante juliaqueña; existe también, el uso de términos propios y significativos de Juliaca, que con hábil pluma nos deleita.
Otros vientos, van llegando al final del viaje, como si deshicieran las hilvanadas creaciones del amor anterior, y se rebelan de forma contextual a su presente, que en palabras concisas dan valor infinito a cada verso trazado por los Vestigios del viento.
Cada poema tiene una dedicada edición que permite dilucidar la fortaleza y profundidad de su escritora, más que el yo lírico, también el yo existencial, creador, no ficcional, posee un valor de sentimientos lejanos, unidos a una fantasía nubosa que es iluminada por el tono preciso de las palabras en cada cielo, cada voz, cada parte astral contemplada, llena el ser quien lee la indefinible suma de emociones, del vestigio de una voz que lleva el viento.