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portada Ya no hay Hombres
Formato
Libro Físico
Editorial
Categoría
Sociología
Año
2013
Idioma
Español
N° páginas
96
Encuadernación
Tapa Blanda
ISBN13
9789505566716
Editado en
Argentina
N° edición
2000

Ya no hay Hombres

Luciano Lutereau (Autor) · Galerna · Tapa Blanda

Ya no hay Hombres - Luciano Lutereau

Sociología

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Reseña del libro "Ya no hay Hombres"

La impotencia indica el deseo” Por Luciano Lutereau *Imaginemos la siguiente situación: un hombre invita a salir a aquel o aquella de quien está prendado y, luego de ir a cenar, quizás al cine, etcétera, llegado el momento de la verdad, la cosa no funciona. A veces éste es un incidente difícilmente superable; para las mujeres puede acarrear un desprecio insoportable y, para otros hombres, un incordio motivo de desesperación. La escena de galanteo sólo podía sostenerse con la presencia velada del falo; llegado el momento en que es convocado, la impotencia deshace la situación. En ese punto, ya no hay sustituto fálico –ver una película, conversar sobre la familia...– que permita evadir la incomodidad. Algo ha pasado o, mejor dicho, lo que no pasó deja su marca.Por otra parte, la coincidencia de la potencia con la eyaculación permite al hombre todo tipo de destrezas. Entre los más jóvenes, la competencia que permite contar –cuántos polvos, cuántas chicas se transaron, cuántos goles...– y situar una medida según la cual hay más y hay menos. Las mujeres, en cambio, es más difícil que puedan hablar de eso; incluso a veces el orgasmo clitorídeo puede ser un modo defensivo respecto de otro goce, menos localizable y que no tiene referente. Si el hombre se identifica con su eyaculación, la mujer encuentra su fijación en la demanda amorosa, en la voluntad de ser amada (de la que Freud decía que era el equivalente femenino del complejo de castración).El hombre es un ser de destreza, pero la mayor demostración de hazañas suele tener como fundamento la impotencia. Es conocido el refrán: “Dime de qué alardeas y te diré de qué careces”. De este modo, la detumescencia es algo consustancial a la potencia fálica. En este sentido Jacques Lacan, en el seminario La angustia, afirmaba que “la mujer castra al hombre”, o bien que ella es la “dueña” de su erección; estas breves observaciones permiten entender por qué los varones suelen realizar chistes misóginos acerca de lo que ocurre después del acto sexual. “La mujer perfecta es la que después de coger se convierte en pizza”, dice una humorada grotesca que expone el ocultamiento, a través de un objeto oral, de la vergüenza que solicita se elimine de la escena al único testigo.La potencia sólo es tal en el marco de su amenaza. Y, por cierto, entre muchos varones la impotencia es el mejor indicador del deseo. Aquel que tenía fama de mujeriego empedernido, el día que consigue salir con aquella que más le interesaba demuestra... que la cosa no funciona. De esta manera, la impotencia tiene un valor subjetivo importantísimo. El deseo no se reconoce sino por los tropiezos; es cierto idealismo de la época el que sostiene que si uno no llega a la meta es porque, en realidad, no estaba del todo motivado. El psicoanálisis viene a mostrar todo lo contrario, siempre que el único acto es el acto fallido. La condición sintomática del acto es la única vía para delimitar sus coordenadas subjetivas. En este sentido el psicoanálisis, al igual que la tragedia griega, se basa en la idea de que sólo hay un efecto didáctico en las pasiones negativas (“temor” y “compasión”, según Aristóteles en la Poética).Por lo tanto, la impotencia no es un avatar de la masculinidad. Mucho menos un síntoma de la época. En todo caso, nuestro tiempo pone de manifiesto una intolerancia radical al no poder. En La agonía del Eros, Byung-Chul Han dedica un capítulo al “no poder poder” que caracteriza a la relación sexual y que la sociedad capitalista contemporánea rechaza bajo una expectativa de rendimiento, cuyo correlato no es ninguna negatividad (como la del síntoma) sino la depresión y el agotamiento. Así es que Han analiza el best-seller Cincuenta sombras de Grey en términos de un mandato que rechaza lo fundamental del sexo: la relación con el otro, entendido como alteridad radical. La sexualidad, hoy en día, se ha vuelto una destreza más; perdió su capacidad de interpelación.Por eso, en el caso de los varones, es especialmente importante tener presente esa instancia negativa, la pérdida que fundamenta toda potencia; para no degradar la sexualidad en disciplina de consumo, pero también para que el sujeto no se dilapide en esa instancia anónima para la cual, en el mundo capitalista, nothing is impossible.
Luciano Lutereau
  (Autor)
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Luciano Lutereau es un psicoanalista, filósofo y escritor argentino, reconocido por su enfoque contemporáneo sobre temas de género, sexualidad, pareja y paternidad. Nació en Buenos Aires, Argentina, en 1978. Es licenciado en Psicología y en Filosofía por la Universidad del Salvador, donde también obtuvo su doctorado. Se desempeña como docente universitario y ha escrito numerosos artículos y libros que integran el psicoanálisis con problemáticas actuales.

Entre sus obras más destacadas se encuentran Esos raros adolescentes nuevos, Más crianza, menos terapia, Ya no hay hombres y El fin de la masculinidad. Su estilo directo y accesible ha contribuido a acercar el psicoanálisis a un público amplio, abordando los conflictos cotidianos desde una mirada crítica pero empática. Además, reflexiona sobre la transformación de los roles familiares, las nuevas masculinidades y las relaciones amorosas en tiempos contemporáneos.

Lutereau también es columnista en medios como Página/12 y participa activamente en debates culturales y sociales en Argentina. Su obra busca desmontar estereotipos y abrir espacios de reflexión sobre la subjetividad y la vida emocional en el mundo actual, destacando la importancia del psicoanálisis como herramienta de comprensión y cambio personal.
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El libro está escrito en Español.
La encuadernación de esta edición es Tapa Blanda.

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